ESTRÉS y TRASTORNOS MENTALES

ÍNDICE

DEFINICIÓN DE ESTRÉS

ESTRÉS ANTICIPATORIO

MECANISMOS BIOLÓGICOS DEL ESTRÉS

CRF

GLUCOCORTICOIDES

REGULACIÓN CENTRAL de la ACTIVIDAD del EJE HHA

TRASTORNOS

ESTRÉS y ADICCIÓN

POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO (TEPT)

Alteraciones neurobiológicas del TEPT

VULNERABILIDAD

BIBLIOGRAFÍA

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DEFINICIÓN DE ESTRÉS

El estrés puede ser definido como una respuesta biológica no específica del cuerpo a una demanda que se le formula desde el exterior (el ambiente). 

El estrés es una respuesta normal, adaptativa, que moviliza las reservas del organismo, facilita la captación de energía por parte de la musculatura, eleva el tono cardiovascular para transportar más deprisa el oxígeno y se suspenden actividades no esenciales, como el crecimiento (Selye, 1975a, 1975b).

La respuesta biológica de estrés permite al organismo actuar rápida y eficazmente en su entorno. Por ejemplo, actúo bajo los efectos del estrés:

  1. Cuando estoy en el trabajo, debo salir para ir a la guardería a recoger a mi hijo pequeño que se ha puesto enfermo y además, esta tarde debo hacer la compra para toda la semana, o  

  2. Estoy en una calle oscura y desierta y debo prepararme para correr, (Imagen_01), pero también

  3. Un animal salvaje cuando se encuentra en presencia de un depredador.

Si la situación de estrés es momentánea, nuestros mecanismos biológicos innatos nos permiten adaptarnos a las circunstancias y dar la respuesta adecuada para resolver la situación. 

Si la situación de estrés se hace crónica, la propia respuesta biológica acaba siendo perjudicial para el organismo.  (Imagen_02)

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Imagen_01 e Imagen_02

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ESTRÉS ANTICIPATORIO

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Imagen_03

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La respuesta biológica de estrés puede producirse también en ausencia de estímulos sensoriales reales.

Estas respuestas, que vamos a denominar como anticipatorias, son generadas por la memoria condicionada o por predisposiciones innatas propias de la especie.

La respuesta anticipatoria reactiva depende de la experiencia previa, es aprendida y se desencadena cuando se encuentra de nuevo el estímulo condicionado. (Imagen_03)

La respuesta anticipatoria está relacionada con el estrés psicológico, que se exacerba cuando no se ven salidas a la frustración y cuando la situación de estrés está fuera del control.

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MECANISMOS BIOLÓGICOS DEL ESTRÉS

El mecanismo biológico principal en la respuesta de estrés es el eje  hipotálamo-hipofisario-adrenal (HHA), que está integrado esencialmente por (Mello et al., 2003):

  • Tres estructuras: el hipotálamo, la hipófisis y la corteza de las glándulas suprarenales 

  • Y un mecanismo hormonal que activa la función de estas estructuras y que se autorregula a sí mismo mediante un mecanismo de retroalimentación (feed-back) negativo (Imagen_04).

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Imagen_04

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El primer eslabón de la cadena HHA es el factor liberador de la corticotrofina (CRF) hipotalámica (Sarnyai et al., 2001), cuya activación en respuesta a una situación de estrés, provoca su liberación a la circulación portal hipofisaria. 

El enlace de CRF, a sus receptores, situados en la pituitaria anterior, provoca un incremento en la liberación de hormona adeno-cortico-tropa (ACTH), el segundo eslabón de la cadena HHA

ACTH se difunde por la circulación general hasta alcanzar las glándulas suprarenales donde estimula la síntesis y la secreción de glucocorticoides (cortisol en humanos y corticosterona en rordores)

Un mecanismo de feed-back negativo controla la actividad del eje HHA, que devuelven el cortisol y las otras hormonas del eje HHA a sus niveles basales después de la activación.

Dos grupos hormonales del eje HHA son esenciales por su interacción con la actividad del sistema nervioso central, los glucocorticoides (cortisol, corticosterona) y el factor CRF.

Los glucocorticoides ponen en marcha múltiples procesos catabólicos, que preparan al organismo para dar una respuesta rápida y eficaz a los requerimientos del entorno. Pero por su propia naturaleza esta respuesta no se puede sostener durante mucho tiempo, porqué en caso contrario el organismo enferma y puede incluso morir (Sapolsky, 1996).  

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Imagen_05

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Existen receptores de glucocorticoides en múltiples niveles dentro del sistema nervioso central (SNC): Área Tegmental Ventral (ATV), Núcleo Accumbens (NAc), Cortex Prefrontal (CPF), esencialmente. Estos receptores son de dos tipos, glucocorticoides (GR) y mineralcorticoides (MR) (Cintra et al., 1994) (Imagen_05)

El factor CRF está también distribuido extra-hipotálamicamente en el ATV, NAc y amígdala (núcleo central de la amígdala, núcleo del lecho de la estría terminal) (De Souza, 1995) (Imagen_06)

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Imagen_06

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VULNERABILIDAD

Las diferencias individuales en los mecanismos biológicos del estrés, que pueden tener una base genética o ser adquiridas a lo largo de la vida, pueden determinar diferencias en la vulnerabilidad o predisposición para desarrollar trastornos relacionados con el estrés. 

Un individuo con una vulnerabilidad biológica enfrentado a factores ambientales adversos, sucumbirá a los efectos del estrés con mucha mayor facilidad, que un individuo que no tenga esta predisposición biológica. Es decir, la vulnerabilidad biológica y los factores ambientales desencadenantes se entretejen (Charney, 2004).

El estrés juega un papel importante en los trastornos psiquiátricos relacionados con la ansiedad y la depresión.

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REGULACIÓN CENTRAL DE LA ACTIVIDAD DEL EJE HHA

Dos estructuras del sistema límbico, el hipocampo y la amígdala y una estructura cortical, el cortex prefrontal medial están implicados en la regulación de la actividad del eje HHA (Feldman et al., 1995).

El hipocampo y el cortex prefrontal son inhibidores de la actividad del eje HHA. En cambio, la amígdala está implicada en la activación del eje HHA (Swanson and Petrovich, 1998). 

La contribución de cada una de estas estructuras a la respuesta de estrés se pondera con la contribución del resto de estructuras.

Por su función estratégica en relación al estrés, vamos a destacar el papel de la amígdala:

La amígdala interviene en la percepción de los estímulos que suscitan miedo y en la reacción del individuo ante los mismos. Esta capacidad funcional de la amígdala viene dada por el tipo de conexiones de esta estructura con otras del SNC.

La amígdala recibe información de:

  • La corteza cerebral, señales que llevan información sensorial, que nos informa acerca de lo que ocurre en el entorno.

  • Desde la corteza prefrontal, de regiones que intervienen en la formación de asociaciones abstractas y por tanto, en la elaboración de la información.

  • Directamente desde los órganos de los sentidos, una información sensorial que no pasa por la corteza. Por ello, las amenazas subliminales pueden activar la amígdala incluso antes de que se tenga conciencia de su causa. 

    Este tipo de información sería la que influye en una persona víctima de una violación mientras está hablando animada y distendidamente con un grupo de personas. De repente empieza a sentir ansiedad y su corazón a latir con fuerza. Quizá, al cabo de un rato pueda descubrir que ha oído una voz masculina a su espalda que se asemeja mucho a la del que le agredió.

  • La amígdala se relaciona con otras estructuras cerebrales a través de diversos neurotransmisores, entre los que destacaremos el neurotransmisor CRF del eje HHA.

  • La amígdala también devuelve información al cortex prefrontal. Con ella, el cortex podrá formar juicios acerca de los acontecimientos que finalmente, desencadenarán una conducta como respuesta. Por ello, las decisiones y las valoraciones acerca de los hechos y las situaciones, pueden verse tan influidas por el estado emocional. (Imagen_07)

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    Imagen_07

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La amígdala participa en la formación de ciertos tipos de memoria. La activación de la amígdala y de los mecanismos hormonales correspondientes, establecen recuerdos de situaciones amedrentadoras, que constituyen una forma de memoria implícita, que no exige conocimiento consciente. El factor CRF es crucial en la inducción de ciertas formas de plasticidad en la amígdala (Rainnie et al., 2004).

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TRASTORNOS

Muchos trastornos psicológicos y psiquiátricos están asociados con situaciones de estrés vital (McEwen, 1998).

A título de ejemplo, vamos a mencionar algunos aspectos neurobiológicos de dos trastornos neuropsiquiátricos: 

  1. Por estrés postraumático (TEPT) y 

  2. Adicción a sustancias.

La vivencia de un acontecimiento traumático, es una forma de estrés de elevada intensidad. Un acontecimiento traumático, es frecuente que provoque, en los días posteriores al acontecimiento, miedo, desamparo u horror, además de otras reacciones psicofisiológicas. 

Estas vivencias pueden ser puntuales y manifestarse durante los primeros días posteriores a la experiencia traumática o prolongarse en el tiempo y convertirse en una fuente crónica de estrés. Las personas que han vivido situaciones situaciones traumáticas tienen un riesgo considerable de desarrollar TEPT.

El diagnostico de TEPT incluye la presencia de 3 tipos de síntomas: 

  • Evitación de situaciones relacionadas con el acontecimiento traumático. 

  • Recuerdo reiterado del acontecimiento o de partes del acontecimiento.

  • Estado de hiperactivación y excitación.

Alteraciones neurobiológicas del TEPT

El TEPT va acompañado de alteraciones neurobiológicas, que tanto pueden indicar una predisposición previa de los individuos afectados para padecer el trastorno, como ser parte de la consecuencia misma del trastorno y de sus manifestaciones psicopatológicas. El TEPT va acompañado de:

  •  Alteraciones en la secreción de glucocorticoides, los pacientes con TEPT muestran una disminución de los niveles de glucocorticoides basales y una respuesta disminuida al estrés (Yehuda et al., 1991) .

  • Diversos estudios realizados mediante técnicas de neuroimagen funcional en humanos, muestran que la memoria de episodios traumáticos, asociada a las emociones negativas que los acompañan, deja un rastro neural, susceptible de ser detectado posteriormente. 

Por ejemplo, un estudio realizado mediante resonancia magnética funcional (RMf), ha valorado un grupo de pacientes con diagnóstico de TEPT que habían vivido una situación traumática por abusos sexuales, agresiones o accidentes automovilísticos, comparándolos con un grupo control. 

Mientras escuchaban la lectura de los propias situaciones traumáticas, los pacientes con TEPT presentaron menor activación cerebral que los controles, en diferentes regiones cerebrales, sobre todo en regiones prefrontales (Lanius et al., 2001) (Imagen_08) e (Imagen_09).

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Imagen_08 e Imagen_09

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El consumo de sustancias se ha desarrolla en otro apartado de esta mismo espacio Web (BASES NEUROBIOLÓGICAS DE LA ADICCIÓN)

Actualmente es bien conocido que el estrés puede facilitar el consumo de drogas de abuso, como por ejemplo la cocaína, y favorecer el desarrollo de la adicción. Este efecto, a primera vista podría estar reñido con lo que la intuición nos diría.

El estrés afecta a la dopamina (DA), que es el principal neurotransmisor relacionado con las sensaciones de placer (Goeders, 2002).

Una situación de estrés agudo moderado y pasajero, aumentará la liberación de dopamina en las vías del placer, que se proyectan desde el área tegmental ventral al núcleo accumbens y al cortex prefrontal. Este aumento de DA puede inducir una sensación de bienestar en situaciones de estrés moderado, que no ponen al sujeto que lo padece en grandes apuros. 

Una situación de este estilo sería la que viviría un ser humano cuando aborda una tarea que no es elemental, pero que puede encarar con buenas probabilidades de éxito, es decir una tarea estimulante.

En cambio, la exposición al estrés crónico, disminuye la actividad del sistema dopaminérgico y con ello, las sensaciones de placer.

Esta interacción entre los mecanismos del estrés y el sistema dopaminérgico favorece el desarrollo de la adicción. 

  • El estrés agudo porque provoca un aumento de la liberación de DA y 

  • El estrés crónico porque es fuente de ansiedad y falta de placer, situaciones ambas que favorecen el consumo, aunque a través de mecanismos antagónicos.

  • Durante la abstinencia, la disminución de la actividad del sistema dopaminérgico, favorece la activación del eje HHA y las respuestas biológicas de estrés y ansiedad.

Es interesante destacar el aumento de la actividad del factor CRF en la amígdala y con ello los síntomas de ansiedad característicos del síndrome de abstinencia a la cocaína y también al alcohol. El aumento en los niveles del factor CRF en la amígdala se ha asociado con la recaída en el consumo, en animales de experimentación.

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Imagen_10

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El tratamiento farmacológico con antagonistas de los receptores CRF-R1 y CRF-R2 evita la restauración de la conducta de búsqueda de cocaína en roedores (recaída en humanos), inducida por estrés después de la extinción en individuos sometidos a un programa de auto-administración de cocaína, o de condicionamiento de lugar con esta misma sustancia. 

Ello sugiere, que estos fármacos son posibles dianas farmacológicas, que podrían ser útiles en humanos adictos para prevenir la recaída provocada por situaciones de estrés ambiental, o por la exposición a estímulos asociados al consumo de cocaína (Pollandt et al., 2006; Shaham et al., 1998). (Imagen_10)

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BIBLIOGRAFÍA

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Goeders NE. The HPA axis and cocaine reinforcement. Psychoneuroendocrinology. 2002;27(1-2):13-33

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Swanson LW, Petrovich GD. What is the amygdala? Trends Neurosci. 1998; 21(8):323-31.

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